Capítulo 8- Océanos y ecosistemas marino-costeros

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Resumen

Guatemala tiene una extensión territorial marina de 120 229 km2, lo que representa el 53 % de extensión total del país (terrestre y marina), y su litoral abarca 254 km en el Pacífico y 148 km en el Caribe. Es uno de los países más vulnerables a los efectos adversos del cambio climático que cada vez está afectando más a todo el planeta. En tan solo dos décadas se han registrado en el país efectos negativos de eventos hidrometeorológicos de gran intensidad, como el huracán Mitch (1998), sequías (2001, 2005) y blanqueamiento de coral (2015, 2016 y 2017). Las actividades humanas están continuamente degradando los océanos.

Diversos estudios muestran que la abundancia de peces, invertebrados y otras especies marinas ha disminuido en Guatemala en los últimos cinco años. Estos cambios afectan la capacidad que los océanos tienen para brindar servicios ambientales a distintas comunidades. La valoración económica estimada de los bienes y servicios que prestan las zonas marino-costeras de Guatemala se encuentra entre los USD 344 millones y USD 454 millones de ingresos promedio al año.

En los últimos años se han evidenciado más los efectos del cambio climático, como el aumento de temperatura y la acidificación del agua de los océanos de Guatemala. La pérdida de oxígeno ha provocado complejas interacciones que de alguna manera han alterado distintas formas de vida, reduciendo la capacidad de los océanos para proveer los bienes ambientales, como recursos pesqueros, por ejemplo. Las actividades antropogénicas, principalmente los desechos producidos, influyen negativamente en la supervivencia, crecimiento, comportamiento y reproducción de los organismos, asimismo alteran su respuesta inmune y aumentan las enfermedades.

Para adaptarse a los efectos del cambio climático es indispensable la generación de un sistema de levantamiento de información permanente dirigido a objetos clave de conservación (arrecifes, especies de importancia para la pesca, etc.), que involucre a la academia e instituciones gubernamentales y no gubernamentales. También es necesario el establecimiento de una red de áreas marino-costeras protegidas, cuyo objetivo principal sea incrementar la resiliencia de esta zona en ambos litorales del país. Además, se deben fortalecer los usos locales de los recursos marino-costeros por medio de la conservación y el aprovechamiento adecuado de los ecosistemas, para favorecer buenas prácticas de desarrollo económico.

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